HISTORIA DE LAS GALLETAS

    En el siglo III de nuestra era ya existía un chef tan famoso como Adriá o Berasategui. Se llamaba Apicius y entre sus creaciones podríamos destacar la de dar nombre a una masa de cereal cocida que él denominó: Bis Coctum, es decir, cocido dos veces. Ese, tal vez, fue el origen lingüístico que identificaba el “biscuit” con esa masa de cereal cocida y crujiente que hoy ha llegado hasta nuestros días un poco más versionada. Hasta el punto que no sólo de cereal vive el hombre.

    En las deliciosas galletas de Dulces y Deseos hay una gran dosis de amor, ilusión y creatividad, pero también otros ingredientes sin los cuales no podría hacer nada: harina de trigo, huevos, mantequilla, azúcar, vainilla y colorantes comestibles que son los que le dan esos colores tan bonitos a sus creaciones, como los rosas, malvas, turquesas, rojos, verdes, naranjas… En fin…. ¡Colores!

    Pero volvamos a los tiempos de los romanos donde las galletas eran muy sencillas. Eran obleas duras, cocidas dos veces, ligeras a la hora de transportar y con la ventaja de que duraban en el tiempo. Por eso, se convirtió en un buen alimento para los campesinos y los marineros que tenían que hacer largas travesías, por tierra o por mar. Según el Instituto de la Galleta (sí, sí, existe uno) aquella especie de tortas se tomaba mojada en sopa o vino. No hay que olvidar que el azúcar era por entonces un bien de lujo y que estamos hablando de algo (cereal y agua) que cubría las necesidades básicas de alimentación, y no un capricho culinario para la hora del té o el desayuno. No, no. Es más, en la Edad Media, y también en el famoso año de 1492, fecha en que Colón se topó con las Américas, las biscuit era un alimento principal de supervivencia y, dicen, era el principal en las bodegas de las tres carabelas.

    Al parecer, no fue hasta la época del Renacimiento y en la bella Italia cuando los Medicis, esos grandes magnates de aquellos tiempos, introdujeron las galletas como algo delicioso para acompañar las bebidas calientes y lo convirtieron así en un producto de placer, en vez de un bien básico y hasta ordinario. Quizás, ese fue el momento en que esta pequeña masa horneada protagonizó meriendas, cenas e instantes entre nobles, aristócratas, príncipes y reyes de todas las cortes. Dejó de llamarse biscuit para adquirir el nombre, castellinazo, de galleta, que provenía de la palabra francesa galette, algo más fina, pero igual de sabrosa. A partir de ahí y hasta nuestros días, poco podemos decir…. Redondas, cuadradas, con relleno, sin él, de diferentes sabores, dulces, saladas, con frutos secos, con anises, sobrias, con miel, con azúcar, aromatizadas… En fin…todo un mundo de sabores, formas y olores que ha conquistado los paladares más exquisitos del planeta Tierra.

    Hasta el punto de que a Elena, de Dulces y Deseos, en su casa se las quitan de las manos, y su familia, amigos y vecinos teníamos claro que algo tan estupendo tendría que compartirlo con los demás. Nacen así las galletas deliciosas con corazón de Dulces y Deseos, y este proyecto gastronómico (¿o debería decir repostero?) cuyo objetivo es deleitar y hacer disfrutar a todo el que las pruebe. ¡Repetirás! Seguro.

©Teresa Morales
www.freelanceviajera.blogspot.com



 

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